Novelas de Terror

Capítulo IV

“UNEXMA”

CAPÍTULO 4

… Pues veo de repente a mi padre a mi lado:

—¡Cálmate hija por favor!
—¡Soy yo! —exclamó papá.

—¡Papá!
—¡Me asustaste!, ¡qué eres malo! —dije llorando.

—¡Tranquila amor!
—¡No fue mi intención!.
Volví y me di cuenta que no había luz y cambié el fusible:
—¡Tranquila hija!, no pasa nada —dijo con ternura y me abrazó.

Luego se acercó a mi mamá:

—¡Florencia!, recorrimos con el vecino por todos lados y nada. Aunque vimos a una mujer vestida de negro y la fuimos a encarar pensando que ella había asustado a la niña; me acompañó el vecino.
Le pregunté por qué había asustado a mi hija. Y ella me dijo que yo estaba loco, que ella recién había llegado. Le contesté; “seguro que se lo voy a creer”, si mi hija me contó que una mujer vestida de negro la había seguido y asustado; y da la casualidad que justo usted está vestida así.
Ella me respondió que no había sido ella, que era una coincidencia lo de la vestimenta y que ella sería incapaz de asustar a una niña o un niño; que me lo juraba.
Así que sentimos que su respuesta fue sincera y le pedí disculpas; pero me tenía que entender, y me dijo que si entendía y que hacía bien en ir a buscar a la persona y encararla, pero que ella no era. Le dije que cualquier padre haría cualquier cosa al ver a su niña llorando y muy asustada.
Y bueno, al no ver a nadie más en la calle, nos devolvimos a la casa.

—¡Uf! ¡Menos mal que no pasó a mayores!
—Al final, no encontraste a la mujer que asustó a nuestra hija…
—¿Quién habrá sido?.

—Sí la hubiera encontrado, le reclamo y la denuncio.
—¡Me da tanta rabia el no poder encontrarla!

—¡Me imagino!, pero lo más extraño que me contó, es que era la misma mujer que ve supuestamente en el cuarto, esa que la asusta mucho. Dice que es la misma que ahora vio en el callejón, y me dijo; que tenía su cara como la de un perro. Y eso la atemorizó mucho.
—Lo más raro es que se cortó la luz acá en la casa, y Antonella me aseguraba que la mujer estaba dentro de la casa, incluso me dijo que estaba en la ventana del comedor y yo no vi nada, me fui hacia la ventana para mostrarle que no había nadie y cuando abrí la ventana; entraron unas moscas molestando.

—¿En serio?
—¡Quisiera entender qué pasa?
—Cualquier persona, diría que esto es un invento de niño, pero como vi tan asustada a mi niña, me preocupé demasiado.

—¡Amor!, ¡tú sabes que soy escéptica sobre estas cosas!, pero estoy preocupada por la niña —dijo mamá.

—¡Yo también estoy preocupado por mi hija!
—¡Mira!, para mí que fue una chistosita que quiso asustar a la “Anto” y se le pasó la mano, pero igual si supiera quién fue, ten por seguro que la denuncio —anunció mi papá.

—¡Creo que tienes razón!
—Ahora vamos a dormir y que la niña duerma en el cuarto con nosotros por un rato, hasta que se le quite lo asustada.

—¡Okey, vamos!.

Mi padre me abrazó nuevamente. Mi madre estaba al lado de nosotros y me acariciaba el cabello. Nos fuimos al cuarto de ellos. Me acosté un rato y me quedé profundamente dormida y seguramente después, mi padre me llevó a mi dormitorio, pues, cuando desperté y abrí mis ojos, me di cuenta que estaba en mi cuarto y los ojos se me cerraron de nuevo, ya que estaba agotada y con sueño. Y entre sueños sentía que arañaban la ventana de mi habitación. Me tapé entera hasta la cabeza, y seguí durmiendo. Afortunadamente el sueño esta vez le ganó al miedo. Así pude pasar esa mala noche.

Toda la semana y sobre todo en las noches, esa mujer arañaba y aparecía en la ventana de mi habitación, pero ella no podía o no quería entrar.
A veces la veía alejarse y luego, regresaba a la ventana y la arañaba. No quería alarmar a mis padres, pues no me iban a creer, y seguramente abrirían la ventana y esa mujer podría entrar. Y a decir verdad, prefería que estuviese afuera de mi cuarto y ojalá de mi vida. Pero aprendí a convivir con ese temor. Poco a poco mi miedo se iba desvaneciendo. Al menos eso quería creer.
No era que ya no me diera miedo o que ya no molestara más esa mujer, pero me dí cuenta que no entraba nunca. Solamente arañaba la ventana y se iba y volvía. El ruido no me dejaba dormir, pero no tenía la misma sensación de miedo que antes, y eso me tranquilizaba casi al extremo, ya que una vez, fue tanto el ruido, que me levanté de la cama y me acerqué a la ventana, moví la cortina y ella ya no estaba, pero igual podía oir claramente como arañaba la ventana. Era muy extraño. Quise abrir la ventana para mirar bien, pero un fuerte escalofrío recorrió mi espalda. Sentí una presencia detrás de mí:

—¿Papá?, ¿mamá? —pregunté con temor.

Silencio tuve por respuesta.
Me giré lentamente, y no vi a nadie. Volví a mirar a la ventana, y tenía rayones rojizos. Poco a poco me acerqué más y más, hasta poder leer que decía:

“UNEXMA”…

Autora: Lorena Castro C.
Lorena Escritora en Facebook.
Chilena.
Derechos Reservados
@lorenaescritora en instagram.

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