Capítulo XXII

CAPÍTULO 22

—¿Vieron? Así dejo mi corazón Antonella —dijo Héctor, mostrando un tremendo forado en su pecho y ni siquiera se veía su corazón.

Yo quedé paralizada. Parecía una pesadilla y luego veo una mano huesuda saliendo de aquel hoyo que tenía en el pecho Héctor, y por ahí salió la cabeza de Unexma, y de un golpe abrió más grande el agujero del pecho, con tanta fuerza que lo partió y salió de ahí, aquella maldita bruja.
Los amigos y amigas de Héctor, salieron corriendo en todas direcciones, y gritaban pidiendo auxilio—:

—¿Te gustó mi tatuaje, <<princesa>>? Ja, ja, ja, ja. ¿Pero, para dónde van esos chicos? ¿Vieron alguna mala cara? —ironizó Unexma.

Unexma entonces hizo levitar la guitarra, la tomó y se puso a tocar muy desafinado, mientras decía:

—Do-re-mi, ¡morirán aquí!
—Fa-sol-la, ¡muertos estarán!

Y mientras decía esas palabras que solo a ella le parecen graciosas, los chicos se detenían de golpe, y no podían seguir corriendo. Ninguna de sus extremidades les respondían.
Entonces, Unexma abrió su boca y eyectó su lengua hacia el chico que tenía más cerca y lo comenzó a estrangular hasta asfixiarlo por completo y se la comenzó a girar hasta decapitarlo, luego, desde la arena comenzaron a emerger los gusanos de Unexma, pero a medida que iban saliendo, se fueron reuniendo hasta formar una serpiente gigante que de un solo bocado, devoró al segundo chico, después, recogió el corazón de Héctor y se lo lanzó con la velocidad de un rayo y una fuerza descomunal a una de las chicas y le perforó el pecho también botando el corazón de la chica por su espalda…

—¡Mira Antonella, hicieron crush! —se burlaba esta fea bruja.

A continuación, se acercó a la otra chica que se había desmayado, pero Unexma la mantenía en vilo, así que lo primero que le hizo fue darle un beso —para que despierte la princesa —dijo. Y luego de un solo golpe le reventó los pechos, que al parecer eran de silicona. Y no tardó mucho en morir desangrada, además que los gusanos de Unexma hacían lo suyo en el agujero que le había quedado en el pecho.

—¡Qué desilusión! Yo quería que muriera de forma más <<natural>> —se mofaba, claramente porque sus pechos no lo eran.

Al último chico, lo mató acercándose con la guitarra—:

—¿Te gusta mucho la música?, bueno, a mí me gusta la magia… Mira fijamente la guitarra, la dejaré en el piso —decía a medida que se alejaba del chico para acercarse a mí.
—Nada por aquí, nada por allá. No dejes de mirar la guitarra —Tú también Antonella, no quiero que te pierdas mi acto…

Súbitamente las cuerdas de la guitarra saltaron como resortes y salieron disparadas cual flechas y se clavaron en el pecho, cuello y rostro del chico que no pudo decir nada, ya que una de las cuerdas le atravesó la boca.

—¡Tarááááááán! Las cuerdas de la guitarra ahora son sus cuerdas vocales. A eso se le llama, morir haciendo lo que te gusta —se burlaba sin piedad.

Yo no podía moverme ni podía evitar ver tan escabroso espectáculo y sobre todo oír los gritos de horror de aquellos chicos, y ni hablar del pobre de Héctor que yacía destazado en la arena.
Ya solamente quería sentarme en la arena y que Unexma hiciera conmigo lo que quisiera, pero luego por fin reaccioné y salí arrancando de la playa, me fui a la vereda y solamente corría y escuchaba que Unexma me llamaba, pero no iba a mirar atrás. A lo lejos veo unas luces de auto y traté de pararlo en medio de la calle y justo era un taxi y el chofer me gritó desde la ventana del auto:

—¡Muchacha loca! ¿Qué acaso estás borracha, qué no te fijas?

—¡Por favor, sáqueme de aquí! –le dije desesperada.

—¿Dónde vas, chica? ¿Qué te pasó? —cambió el tono, al notar mi desesperación.

—Señor, voy a playa Cavancha, pero por favor salgamos pronto de acá.

—Bueno, sube.

Entonces subí al taxi y me da por mirar al frente y viene Unexma caminando como zombie y como sonaban sus huesos como si se fueran a quebrar y el chofer se da cuenta y dice:

—¡Dios santo! ¿Qué es eso?

—¡Salgamos rápido de acá! —le grité.

El Chofer quedó casi en shock; y luego Unexma alzó su brazo y nos muestra la cabeza de uno de los amigos de Héctor completamente cercenada, el chofer me dijo que me pusiera el cinturón de seguridad y retrocedió a toda velocidad, dio la vuelta en “U” y salimos rápido de aquel siniestro lugar. En el camino me dijo que teníamos que ir a la policía y contar lo que pasó y yo le dije que lo único que quería era llegar al departamento que mi papá arrendó por las vacaciones, además le dije por lo claro que nadie iba a creer lo de Unexma y de ahí no dije nada más. Todavía íbamos por la carretera y yo temblaba de terror, ese demonio no me quiere dejar tranquila y ha hecho de mi vida un infierno, destruyó mis vacaciones con sus crímenes horrorosos. Lo único que quiero es llegar luego al departamento y esconderme en mi habitación y sólo pensar que fue una cruel pesadilla. En eso que estoy mirando el camino por el el parabrisas y aparece la cabeza de Unexma boca abajo, este demonio estaba en el techo del taxi, el chofer se asustó y comenzó a conducir locamente, para sacársela de encima, pero ella estaba bien agarrada y no salía del techo, a pesar todas las maniobras que hacía el taxista.
Yo estaba muda y aterrada. De pronto, el chófer hace una maniobra violenta y arriesgada, y Unexma vuela por los aires y cae al suelo y el taxista sin pensarlo pasa por encima de ella a toda velocidad, y salimos raudos de aquella carretera.
La verdad, siento que me voy a desmayar por todo lo que ha pasado, pero sé que tengo que ser fuerte y ya se ven las luces del edificio y por fin llegaré al departamento, además el chófer me dijo que iría a la policía, yo le dije que hiciera lo que a él le parezca mejor, pues lo único que me importaba era llegar al departamento y quedarme ahí escondida de Unexma. Llegamos al casino, ahí me bajé y salí corriendo al edificio que estaba cerca.

Llegué al departamento y entré despacito, no quería despertar a mis padres, fui a mi habitación, prendí la luz de la lámpara del velador y me tiré en la cama a llorar. Todavía estaba agitada y aterrada por lo que viví. Como quisiera en estos momentos que mi amiga Brenda estuviera aquí, ella sabría qué es lo que hay que hacer y cómo enfrentar a Unexma. Las lágrimas me brotaban y salían sin parar, entonces me acosté y solamente miraba el techo de la habitación y luego cerré mis ojos por un rato, cuando comencé a sentir un pequeño aire frío en mi rostro y cuando abro mis ojos tenía a Unexma encima de mí, pegada al techo, sonriendo maléficamente y con la cabeza del taxista —que me había traído recién —en su mano.

—¿A dónde te llevo, princesa?

Yo no aguanté la impresión y me desmayé…

Autora: Lorena Castro C.
Lorena Escritora en Facebook.
Chilena.
Derechos Reservados.
@lorenaescritora en instagram.

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