Capítulo XXVI

CAPÍTULO 26

…¡Qué rico viajar en avión!, me queda muy poco para llegar al aeropuerto de Iquique y mañana pienso visitar a mi amiga Brenda —tengo tantas cosas que contarle—; lo que si me dio susto, fue lo que leí en la portada del diario antes de salir del hotel; la noticia de un descuartizamiento de un grupo de jóvenes en la playa, menos mal que no me enteré antes, porque hubiera estado muy nerviosa. Así que después no quise comprar el diario para evitar viajar leyendo cosas negativas, pero mi papá no aguantó la curiosidad o el morbo y lo compró. Y justo que me lo va a pasar para mi turno en la lectura -confieso que igual sentí muchos nervios por tan escabrosa noticia- suena mi teléfono <<salvada por la campana>> —pensé:

—¿Aló?

—Hola, Anto, te llamaba para despedirme.

—¡Héctor, qué agradable sorpresa! Gracias por llamarme. Que considerado de tu parte.

—Anto, cariño, una pena que tengas que irte, pero prometo que pronto nos volveremos a ver. Probablemente allá en Santiago. ¿Te gusta la idea?

—Claro que me gustaría, pero no sabes ni donde vivo, después te voy a mandar mi ubicación por Whatsapp cuando llegue a la casa.

—No te preocupes, princesa. Yo sabré cómo encontrarte. ¡Ya lo verás!

—Que misterioso te pones a veces Héctor, pero me gusta que seas así. Bueno tengo que colgar, ya estamos llegando al aeropuerto. Te mando un beso. ¡Adiós!

—¡Hasta siempre princesa! Luego nos vemos. Me gustó tu beso. Espero pronto darte otro tan profundo como el anterior. ¡Adiós! —y cortó.

Qué son peliculeros algunos hombres, nunca nos besamos con Héctor y ya sueña que le di un beso… tal vez en Santiago, se le cumpla su deseo… quién sabe. Pensar en eso, me hizo sentirme un poquito acalorada y recordé que siempre salgo con un libro para leer cuando viajo. Revisé mi mochila y ahí estaba el libro que me había atrapado desde los primeros capítulos; “El despertar de Rosita” -¡Uff, madre mía!, ¡qué historia! Siempre me pasan cosas con ese libro, mi imaginación vuela más alto que el mismo avión en el que estoy ahora. Claramente entre leer un descuartizamiento en la playa y aquella aventura de Rosita en la playa; ¡no hay dónde perderse!

[Este retorno no significa el fin de mis vacaciones, porque todavía quedan dos semanas para que terminen mis vacaciones y empezar a estudiar de nuevo. Igual se me hace entretenido estar en clases, mi linda amiga es una de las más chistosas y además me encanta el teatro]

Aunque no puedo parar de leer un capítulo tras otro, me siento muy cansada y creo que mejor voy a dormir un rato y retomo la lectura en la tranquilidad de mi habitación, así que Matt; espérame, que apenas llegue a Santiago, nos volveremos a encontrar —es una cita —me río sola de las locuras que pienso a veces.
Me recosté un poco y enseguida me agarró el sueño. No sé por qué, me siento tan agotada. Dormí plácidamente, y desperté justo cuando avisaban que había que colocarse el cinturón de seguridad, y mi papá me dice:

—Menos mal que despertaste, mi dormilona.

—Sí, justo desperté. ¡Increíble ya está de noche! —exclamé.

—Cuando lleguemos a casa dormirás tranquilamente. Creo que la salida de ayer te dejo agotada —dijo papá.

—¡Verdad que salí ayer en la noche! Por eso estoy tan cansada y tengo tanta hambre —recordé.

—Hijita, pasaremos a comer algo por ahí y después a la casa a descansar —avisó mamá.

—¡Buena idea mamá! ¡Eso me gustó! —respondí entusiasmada.

Mis padres rieron, ellos son los mejores padres del mundo. Voy a extrañar Iquique y sus playas y sobre todo a mi amigo Héctor, a sus amigos y amigas que fueron muy amables conmigo. Espero volver a verlos y ahora debo volver a la realidad y encontrarme en dos semanas más al engreído de Marcos y ni explicaciones le voy a pedir de por qué no me llamó más. Un clavo saca otro clavo y Héctor definitivamente merece estar en mi caja de herramientas —pensé.

Justo el avión aterriza y siento algo que me sube y me baja desde mi estómago. Siempre me pasa, y si Brenda lo supiera, se reiría de mí. Después de salir del aeropuerto, tomamos un taxi y mi papá dijo que fuéramos a la casa primero a dejar las maletas y después iríamos al restaurante a comer algo rico y eso hicimos. Dejamos las maletas en casa y mi papá por mientras fue a sacar el auto del garaje y yo fui a mirar a la casa de Brenda por si estaba para saludarla y vi que no había ninguna luz encendida —Tienen que haber salido a alguna parte —bueno, mañana la voy a ir a ver y le contaré un montón de cosas. Justo mi mamá me llamó, así que subimos al auto y nos fuimos a comer algo rico en el restaurante.

Al otro día me levanté tarde. Después de esa rica comida en el restaurante —quedé bastante satisfecha con ese rico “Lomo a lo pobre” con bastantes papas fritas —que son mi debilidad.
Bajé al primer piso para tomar desayuno, me fui a la cocina y ahí estaban mis padres tomando desayuno, así que me uní a ellos y compartimos un buen momento. Después me fui a mi habitación, me duché, me puse una polera, una falda de jeans y unas chalas, y me fui rauda a saludar a mi amiga Brenda. Llegué a su casa, toqué el timbre y me abrió el tío Ignacio:

—¡Antonella hija! Que alegría verte —lanzó efusivo, dándome un abrazo y un beso en la mejilla.

—Igualmente tío.

—Adelante hija, sabes que ésta es tu casa.

—Gracias tío, y ¿cómo han estado? —pregunté.

—Bien hija, yo con mucho trabajo, pero todo tranquilo.

—Qué bueno tío —y en eso sale de la cocina, la tía Margarita.

—Hola Antonella, por fin llegaron de su viaje —me saludó, con un beso en la mejilla.

—Sí, estuvieron entretenidas las vacaciones.

—Qué bueno hija. Por la tarde, iré a visitar a tus padres —contó la tía.

—¡Claro! A mi mamá le va a dar gusto de verla; y ¿Brenda?

—Esa dormilona todavía no baja a desayunar. Es que anoche salimos a la casa de mi hermano, que estaba de cumpleaños y llegamos muy tarde —agregó, el tío Ignacio.

—Sí, me di cuenta que no estaban, pues cuando llegué a la casa, lo primero que hice fue venir a saludarlos y ver a mi amiga Brenda, pero vi que la casa estaba toda obscura… Tíos, ¿puedo subir a la habitación de Brenda?

—¡Por supuesto, hija! Así despiertas a la dormilona de mi hija —respondió, tía Margarita.

—¡Gracias! Yo la despierto —y subí corriendo al segundo piso y me fui a la habitación de Brenda.

Golpeé la puerta y no me contestó nadie, entonces abrí la puerta suavemente y ahí estaba mi amiga durmiendo plácidamente, me dirigí hacia su cama y me senté despacito a su lado, la moví un poco, pero nada — dormía profundamente y se me ocurrió tomar un poco de mi cabello y hacerle cosquillas para que despertase —menos mal que lo tengo largo y se lo pasé por su mejilla y de a poco empezó a despertar y alegó:

—Déjenme dormir un rato más, si anoche solo tomé un poco de cerveza con mis primos ¡Lo juro!

—Ya despierta, son más de las doce del día —le espeté.

—Un ratito más, prometo portarme bien en casa y también en el jardín —balbuceó dormida.

Me dio tanta risa lo que dijo que no pude aguantar y me reí fuerte, entonces, volvió a alegar:

—¿Qué onda? ¿Soy tu payaso? porque si me consideras así, estamos mal.

—Ya loquilla a levantarse —insistí y luego se volteó, despertando por fin.

—¡Antonella, amiga! Qué bueno que volviste de tus vacaciones —y se levantó y me dio un gran abrazo.

—Gracias amiga, el gusto es mío de volverte a ver y a los tíos también. Además, te tengo tantas cosas que contar.

—Yo igual amiga, yo igual —dijo, en un tono triste.

Entonces se levantó, se fue a la ducha y me pidió que le dijera a la mamá de ella que le preparara un rico desayuno, así que bajé al primer piso y le dije a la tía. Mi amiga se demoró como unos quince minutos en bajar y luego ya estaba en el comedor, tomando su desayuno —le dije que si nos veíamos después de almuerzo y así conversábamos más tranquilas, me dijo que sí, por lo que me despedí de todos y me fui a mi casa.

Mientras tomaba desayuno, me puse a pensar. Empieza la cuenta regresiva, ya se acerca el momento de tener mi batalla con Unexma; seguramente Antonella me mostrará las fotos de su viaje de vacaciones. Anteriormente busqué por internet alguna noticia en los días que estuvo mi amiga allá en Iquique. En las casi tres semanas no pasó nada raro —lo mismo de siempre, pero dos días antes de que llegara Antonella con su familia, hubo una masacre en una playa, unos chicos y dos chicas fueron masacrados y mutilados. Algo muy fiel al estilo de Unexma. Espero que me equivoque y ella no esté metida en eso.

Después de comer un rico almuerzo preparado por las maravillosas y santas manos de mi linda madre, me fui a la casa de Antonella, justo ella estaba en el antejardín con los tíos, y como yo soy toda una belleza, que no pasa desapercibida, enseguida notaron mi presencia. La tía Florencia me abrió la reja, la saludé igual que al tío Alfonso. Les pregunté cómo estuvieron sus vacaciones y me dijeron que lo pasaron excelente; y también saludé a mi amiga.
Le dije a Antonella que saliéramos a caminar un rato y me dijo que sí, así que me despedí de los tíos y nos fuimos a caminar. Nos sentamos en una plaza que quedaba cerca de nuestras casas. Antonella me dijo lo bien que la había pasado y que conoció a un chico llamado Héctor y que fue muy tierno con ella, que no tenía nada que ver con Marcos, ya que no volvió a llamarla nunca más y que cuando llegue a la “U” ni piensa saludarlo —Creo que es hora de contarle lo que pasó con Marcos realmente:

—Amiga, ya no volverás a hablar con Marcos —comencé diciendo.

—<<No me digas que se fue lejos>> Me imagino que se fue a otra Universidad. ¡Cretino!, ni siquiera me contó nada, la última vez que salimos —comentó, muy enojada.

—No amiga, no es eso.

—¿Cómo? No te entiendo.

—A Marcos, ya no lo volverás a ver más, ni en la “U” ni en ninguna parte. Lo siento amiga no sé cómo decírtelo —dije un poco angustiada.

—¿Me puedes explicar mejor? La verdad no te entiendo ¿Qué pasó con Marcos? —preguntó muy seria.

—Él… Marcos, tuvo un accidente automovilístico —lancé sin anestesia.

—¡Dios! Y ¿cómo está? Tengo que ir a verlo y pedirle disculpas por haber pensado mal —argumentó, muy sorprendida y apenada.

—Ni siquiera lo vas a poder ver amiga. Marcos murió, lo siento —concluí.

—¡Dios mío! —exclamó, y se puso a llorar.

Lo único que hice fue abrazarla y consolarla, estuvo un buen rato llorando hasta que se calmó, me miró y dijo:

—¡Amiga, no lo puedo creer!

—Así es amiga, es para no creerlo —respondí.

—¿Cómo fue su accidente? —preguntó.

—Chocó con otro auto y Marcos no llevaba el cinturón de seguridad y salió volando por el vidrio y se mató —le dije esa mentira, pues no quise contarle que murió calcinado en su auto.

—¿Cuándo fue eso?

—Eso no lo sé amiga, me lo contó una compañera de la Universidad.

—Okey amiga, la verdad estoy muy apenada y yo que venía tan contenta, quería mostrarte las fotos que me saqué con Héctor y sus amigos.

—¡Muéstramelas y así te olvidas un poco de la noticia que te tuve que decir! —le pedí, y creo que decirle eso la calmó un poco.

—Bueno amiga. Las tengo en mi celular y ahora te las muestro, dame un minuto —me pidió, sollozando.

Justo me va a mostrar las fotos y le suena el celular:

—¿Aló?…

Autora: Lorena Castro C.
Lorena Escritora en Facebook.
Chilena.
Derechos Reservados.
@lorenaescritora en instagram.

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